Главная | Обратная связь | Поможем написать вашу работу!
МегаЛекции

La guerra contra los visigodos




 

Alarico II (484-507), hijo de Eurico y esposo de la segunda hija de Teodorico, Tiudigota, parece que no presagió nada bueno. En efecto, y lo cuenta Gregorio de Tours, cuando vio «que el rey Clodoveo combatí a sin cesar a los pueblos y los sometí a, le envió unos emisarios para decirle:

" Si mi hermano se digna, el deseo de mi corazó n serí a que nos vié semos, si Dios quiere" ». Ambos monarcas se encontraron hacia 502 en una isla del Loira, cerca de Amboise —a lo que parece en la frontera entre los dos reinos—, donde «hablaron, comieron y bebieron juntos, se prometieron amistad y despué s se separaron en paz». 32

Pero Alarico II era arriano. Y si bien es verdad que los reyes visigodos arrí anos hicieron convocar sí nodos cató licos, fundar monasterios y construir y reparar iglesias, y aunque el propio Alarico tení a ministros cató licos y favorecí a a obispos cató licos, no es menos cierto que desde hací a tiempo a los cató licos, y especialmente a los obispos, les resultaba muy doloroso ser subditos de un rey de fe diferente, de un «prí ncipe impí o» (nefarius princeps): «ya entonces muchos deseaban de todo corazó n en todos los territorios galos tener a los francos por sus señ ores» (Gregorio de Tours).

El episcopado cató lico de Galia, formado en su mayorí a por miembros de la nobleza senatorial romana, se orientó de inmediato hacia Clodoveo, el ú nico rey germano que era cató lico, y sobre todo cuando ya por carta explicó a los obispos que la Iglesia no debí a temer dañ o alguno de la guerra entre francos y visigodos. 33

Desde mucho tiempo atrá s diversos prelados regí an ciudades tambié n polí ticamente, gobernaban territorios enteros, organizaban su defensa y negociaban con el enemigo. De ello hay testimonios para el añ o 451 en lo que respecta, por ejemplo, al obispo Amiano de Orleans y a Lupus de Troyes. Y naturalmente mucho antes de que estallase la guerra en 507 algunos obispos de los territorios visigó ticos simpatizaban ya con los francos y se pasaron «ya antes del ataque franco al bando de los nuevos señ ores, asegurá ndoles desde muy pronto el apoyo del paí s» (Bleiber).

El obispo Volusiano de Tours, miembro de la nobleza senatorial gala, probablemente facilitó a Clodoveo la conquista de la ciudad. Cuando en 496 regresó Alarico, el obispo fue encontrado culpable de traició n al paí s y fue desterrado, «siendo llevado de inmediato a Españ a


 

como un preso» (Gregorio de Tours). Tambié n su sucesor Verus hubo de partir al exilio por conspirar con los francos, poco antes de la batalla decisiva entre Clodoveo y Alarico. Otro tanto ocurrió con Cesá reo de Arles, de quien el antiguo Kirchen Lexikon cató lico, de Wetzer/WeIte asegura: «Llevó una vida santa». ¡ Eso, eso! El obispo Cesá reo fue acusado tres veces de relaciones de alta traició n con el enemigo del paí s, y de conformidad con ello tres veces fue desterrado o encerrado. La primera vez, hacia 505, marchó a Burdeos; la segunda, fueron las inculpaciones «de judí os y de arrí anos» (Wetzer/WeIte) las que lo pusieron entre rejas; y la tercera y ú ltima —«y ciertamente que tampoco esta vez sin motivo» (Schmidt)—, en 513, fue enviado a Ravenna con escolta militar; allí só lo gracias a la intervenció n sobre todo del obispo Ennodio de Paví a pudo eludir el castigo. Quinciano, pastor de la iglesia de Rodez, incurrió en la misma sospecha (¡ aunque debí a su episcopado al rey Ala-rico! ) y huyó «de noche» al reino franco. En Arvern (Clermont) el «hombre de Dios» recibió de inmediato «casas, campos y viñ edos» del obispo Eufrasio, pues «como dijo é l, el patrimonio de la nuestra iglesia es bastante grande... ». 34

Cierto que todaví a en el sí nodo de Agde (506), presidido por Cesá reo de Arles (que «llevó una vida santa»), los pastores de almas cató licos refrendaron su lealtad al rey Alarico II, como confirman las actas conciliares, «orando al Señ or arrodillados en tierra por su gobierno, una larga vida y por el pueblo». Pero el mismo Galactorio, obispo de Bé arn, que así habí a orado en Agde por el rey Alarico y que habí a firmado la declaració n jurada de fidelidad, se puso de inmediato al frente de una banda armada en abierto apoyo al ejé rcito de Clodoveo. Mas fue apresado antes de la batalla decisiva siendo ejecutado, ¡ pero la Iglesia lo veneró como santo «má rtir»! 35

La indisimulada simpatí a de los obispos de su inmediata ví ctima militar por supuesto que le vino muy bien a Clodoveo. El añ o 507 concertó una alianza con los burgundios y poco despué s hací a esta declaració n:

«Me molesta muchí simo que esos arrí anos sigan siendo dueñ os de una parte tan hermosa de la Galia. Vayamos con la ayuda de Dios y conquistemos la tierra». Y en la primavera, quebrantando la paz concertada en 502, declaró la guerra a los visigodos, que no estaban preparados para tal contingencia. Tuvo el apoyo de los francorrenanos, capitaneados por Cloerico, hijo del rey Sigiberto de Colonia, «el Tullido», así como de los burgundios, que sin embargo tal vez só lo se le unieron despué s de la batalla decisiva. Hasta los bizantinos cató licos fueron partidarios del rey cató lico de los francos. La presencia amenazadora de una flota de 100 barcos en Italia meridional, donde los imperiales saquearon las costas de Apulia y de Calabria, impidió el auxilio oportuno de Teodorico, rey arriano de los ostrogodos. 36


Hubo una serie de matanzas horribles «al amparo de los santos Martí n e Hilario», los dos «paladines contra el arrianismo», los dos «maestros del episcopado galo» y «patronos de Francia» (Ewig). Pues Clodo-veo, que puso a las iglesias y al clero bajo su especial protecció n, no dejó de dar a la guerra —que llevó a cabo para saciar su apetito de rapiñ a y de poder mucho má s que por motivos religiosos— el cará cter de una lucha santa, de una guerra de fe para la liberació n de la jerarquí a cató lica tan miserablemente oprimida. Y é sta, naturalmente, lo recibió con los brazos abiertos abrié ndole las puertas de muchas ciudades, cuando ella misma no empuñ aba las armas, como hizo el obispo Apolinar, hijo y sucesor de Sidonio Apolinar. De la misma manera que ya por los añ os 471 y 474 habí a organizado el padre como obispo de Clermont contra los visigodos, así ahora el hijo, tambié n obispo, condujo a sus diocesanos a la batalla, en la que «pereció gran muchedumbre del pueblo de Arvern», como refiere orgullosamente san Gregorio, «y entre ellos cayeron los senadores má s ilustres». 37

Del lado cató lico se le niega a esa guerra con gusto y hasta con pasió n el cará cter de una guerra religiosa. «En 496 Clodoveo habí a vencido a los alamanes, y en 507 derrotó a los visigodos arrí anos», escribe el vicario capitular Algermissen. Y despué s de citar una larga serie de guerras de rapiñ a de los francos, que se prolongaron hasta el siglo ix, continú a: «En todas esas correrí as se trataba de correrí as de conquista polí tica, que en todos los tiempos habí an sido connaturales entre los pueblos, y no se trataba de guerras de religió n. Que se llegó al " asesinato militar" no es necesario ni mencionarlo». Y de paso sigú ese con claridad; «Pero ese derramamiento de sangre no se dio contra ninguna religió n, ni antigua ni nueva; la difusió n del cristianismo no se debió a los guerreros francos, que no alimentaban ningú n afá n misionero... ». 38

Clodoveo tal vez no. Pero al menos los obispos se sirvieron de sus paladines y de muchos, muchos otros cristianos y, directa o indirectamente, acosaron a los prí ncipes.

¿ Y có mo presenta el asunto el obispo Gregorio? Segú n é l, el merovingio ordenó que en la regió n de Tours, «por devoció n a san Martí n», nadie debí a tomar nada, ni forrajes ni agua. Y como, pese a todo, uno de sus espadones cogió algo de heno, el rey «le golpeó con la espada aun antes de que la palabra saliera de sus labios, y dijo: " ¿ Có mo podemos vencer, si irritamos a san Martí n? " ». Y quien habí a sido asesino má s de una vez «espera entonces un signo de victoria en aquel santo templo» de Tours, y que obtiene prontamente. Continuó orando durante la noche junto al rí o Vienne, y a la mañ ana siguiente «una cierva de admirable grandeza le mostró por orden de Dios» un vado hacia sus carniceros. Sobre Poitiers brilló un resplandor de fuego, que salí a de la iglesia de San Hilario, por lo que el rey «con menos miramientos aú n,


 

guiado por la luz del santo confesor Hilario, reprimió las bandas heré ticas, contra las que frecuentemente combatió a favor de la fe». De nuevo nadie debe aquí «saquear» ni «robar». Y ocurren tambié n otros milagros, «muchos otros milagros». Y, finalmente, se presenta en plena acció n el amor cató lico al pró jimo, al enemigo, y se llega al «asesinato a espada»... 39

La incursió n guerrera —«una guerra de religió n» (Fontal), proclamada como tal tambié n por otros (Ewig)— le costó pronto la vida al rey Alarico II, ya en la primera batalla junto a la actual ciudad de Vouillé (a 17 km al noroeste de Poitiers), en pleno reino visigó tico; la vida, a tenor de lo que dice Gregorio, se la quitó Clodoveo por su propia mano. Y todo discurrió en una tan increí ble oleada de incendios, robos y asesinatos, que algú n tiempo despué s se atribuyó todo ello a los paganos que habí a en el ejé rcito franco. «Pero se supo que la soldadesca de los me-rovingios fue responsable a menudo de desenfrenos en el propio paí s no menos que en el paí s conquistado: campos, casas e iglesias fueron desolados, saqueados y quemados, siendo asesinados clé rigos y laicos junto al mismo altar. »40

Los francos penetraron profundamente en el reino visigó tico hasta el mismo Garona. Tomaron Burdeos, donde Clodoveo pasó el invierno, y en la primavera del 508, junto con los burgundios que poco antes habí an entrado en guerra, conquistaron la capital visigó tica de Toulouse. Su botí n fue aquí todo el tesoro real, el «thesaurus Alarici» (Fredegar), pues lo habí a creado un siglo antes Alarico I con la conquista de Roma, Un salteador que despoja a otro, un juego de la gran polí tica, que viene repitié ndose hasta hoy. Y sin duda que entonces un tesoro real era tan importante para los prí ncipes germá nicos como el dominio sobre un pueblo, pues só lo recompensaban a sus huestes mediante algú n tesoro;

y en consecuencia só lo así podí an gobernar. Clodoveo mandó pegar fuego a Toulouse y despué s conquistó Angoulé me de un modo absolutamente milagroso, pues «el Señ or le mostró allí tal gracia, que las murallas se derrumbaron por sí solas cuando las contemplaba». Es la forma cató lica de escribir la historia de la Iglesia.

Despué s Clodoveo volvió a separarse de los burgundios y marchó hacia el norte, aunque no dejó de entregar en Tours a san Martí n, su «auxiliar en la victoria», una gran parte del botí n. O, para decirlo en forma má s fina y con palabras de Gregorio: «Dedicó muchas ofrendas a la iglesia santa de San Martí n», pues como dice Fredegar «con su ayuda habí a evidentemente llevado a cabo todo aquello». En Tours obtuvo ademá s el nombramiento de có nsul honorario a travé s de una embajada del emperador bizantino Anastasios, un «hereje» malo por ser un decidido monofisita. Pero el arte del Estado estuvo y está siempre por encima de la religió n, como estuvo y está sobre la religió n tambié n y precisamente la polí tica religiosa. La dignidad de có nsul honorario era una dis-


tinció n de un inequí voco trasfondo polí tico, pero se le otorgaba al adversario má s vehemente de su tiempo, tanto entre los visigodos como entre los ostrogodos. Y en la iglesia de San Martí n exhibió Clodoveo su categorí a cuasi imperial endosando una vestí s regia, un vestido de pú rpura, al tiempo que una diadema, enviada asimismo por el emperador, ceñ í a la cabeza criminal y podí a desde entonces llamarse Augustus, «igual que un emperador». 41

Pero entonces intervino el ostrogodo Teudorico en favor del pueblo hermano visigodo. Su comandante Ibba frenó en 508 a francos y bur-gundios. Arles fue liberada, se reconquistó Narbonne en 509 y, segú n lordanes, pudieron caer 30. 000 trancos. Los burgundios perdieron casi todas las conquistas que habí an hecho a costa de los visigodos, y é stos, que perdieron Aquitania, se quedaron ú nicamente con Septimania (tambié n llamada Gotia), la costa mediterrá nea al suroeste de la desembocadura del Ró dano con Narbonne, la residencia real. Una generació n despué s su Estado se desplazaba, con Barcelona como residencia regia, principalmente hacia Españ a, cuya parte meridional invadieron los moros a comienzos del siglo viu. Los ostrogodos, por el contrario, habí an adquirido considerables territorios. Y sobre todo los francos, cuyo reino se extendí a en 511 desde el Rin hasta Provenza, aunque su depredació n de Galia septentrional nunca se legalizó mediante tratados. Pero la auté ntica vencedora fue la Iglesia cató lica. Ya en el curso de la guerra habí a hecho Clodoveo repetidas y esplé ndidas donaciones al monasterio de San Martí n de Tours, protegiendo ené rgicamente todo su entorno de robos y saqueos. Y, acabada la guerra, el clero cató lico, que exaltaba jubiloso los triunfos depredadores de Clodoveo como una liberació n del «dominio heré tico» de dé cadas, recibió el agradecimiento del rey. Poco antes de su muerte, en 511, convocó a los obispos en Orleans para el primer sí nodo del reino franco. Dicho sí nodo ordenó la confiscació n de las iglesias arrianas y su dedicació n al culto cató lico. Tambié n entregó el rey las tierras de los «herejes» a las iglesias cató licas o les permitió al menos el usufructo. Eximió tambié n al clero cató lico de algunos gravá menes estatales y le aseguró su especial protecció n.

A cambio controló sin duda a los prelados francos, de manera parecida a como lo habí a hecho ya el emperador Constantino con la Iglesia de su tiempo. En un escrito de los padres sinodales, que figura al comienzo de las actas, é stos se dirigí an «a su Señ or Clodoveo, hijo de la Iglesia cató lica y rey glorioso», hablaban del «consentimiento del rey y señ or» y solicitaban el «refrendo de las decisiones episcopales por la autoridad superior». 42


 

Поделиться:





Воспользуйтесь поиском по сайту:



©2015 - 2024 megalektsii.ru Все авторские права принадлежат авторам лекционных материалов. Обратная связь с нами...